martes, 27 de noviembre de 2007

y por fin te vi...


El miercóles 21 de noviembre me harté. Eran las 12:00 del día y yo no soportaba la idea de tener que pasar 16 horas en el bus para llegar a tu ciudad. Te recuerdo que en promedio paso montado en un cruz del sur 24 horas semanales; todo un día semanal en bus. 3 horas diarias entre Ancud y Castro; 7 horas al día cuando voy a Quellón; y 5 horas para ir a Puerto Montt a comprarme corbatas o lo que necesite. No, no quería más. Así que decidido fuí a la oficina de Lan que está a dos cuadras de la oficina. Una niña re linda me atendió, y con toda su paciencia y todo su uniforme de azafata me dictó cada una de las combinaciones de vuelos hasta encontrar la más barata. Al final la encontré, a las 23:00 horas saldría el primer aeroplano en el que me subiría. No te contaré los detalles de mi primera vez, pero te menciono que me demoré 90 minutos en estar en el auto de papá camino a las rejas con la alameda; y eso que en llegar desde Castro al avión me demoré 4 horas.-


Ya en Santiago, a las 2 de la mañana compartimos un vino familiar. El Cami no me vió hasta el día siguiente. El jueves a medio día llegaron a almorzar Camilo, Tomás, Luis - Gonzalo -, Benjamín, ALFREDO. Terminanamos y compartimos tragos en un bar con Fernando y Myriam. Una vez que cayó la noche (muertos todos aplastados) me encontré por fín con Macarena, y junto a Anita y Sebastían vimos a la estrella de la Familia, Cristobal, bajista de Teleradio Donoso, Uh!... Pero como no podía ser solo eso, en la mesa del rincón del bajofondo estaba Panchito y Pipo, que no los veía desde hace años.

Amanecí el viernes y partí al super para concinar para los universitarios. A las 13:00 en punto llegaron Eduardo y Silvia, al rato Tomás. Me quedó rico todo, la carne y los agregados. En la tarde compras; luego una visita al CDE, Paola, Mauricio, Oriana, Alex; y finalmente el cumple de mamá, el motivo del viaje. Uff, carrete. Amigas, tías olvidadas, familia extensa, suegros, primos, excesos infaltables. Todo bien.

Sabado. Resaca. Compras. Almuerzo con abuelos. Tarde visita al colegio: Pablo, Camilo, Matías, Patricio, Sebastían , Coty, Miriam, Pablo, Cuty, Talo, Omar, Valentina, Poeta, Jorge.

En la noche, ATTAQUE. Uh!!! El primer recital de Camilo. Ahí estaba Ciro, Leo, Mariano, Luciano. En la cancha saltaba Oscar -gurano-, Alonso - Oso - y Luis -Gonzalo-. Al llegar a casa me esperaba Oscar, Bernardita Paz, Nicolás.

Domingo, Familia...

Son tantos. Sigo extrándolos, ¿por qué?; por que faltaste tu. Otra día vienes a verme , ok?

Besos y abrazos.

jueves, 15 de noviembre de 2007

pare chofer...


Son todos iguales. Yo pensé que por estar en esta maravilloza isla los pilotos de locomoción serían distintos a los que yo creí dejar atrás, primero con la llegada del nuevo sistema de transporte publico capitalino y luego con mi auto exilio del centro del pais. Pero no.
Hoy viaje despierto, atento a lo que pasaba a mi alrededor, mucho más que las otras veces en que más bien voy dormido y entre sueños veo a los niños y los demás pasajeros. No, esta vez yo estaba despierto. Y es que a las 9:30 tenía que asistir a un comparendo para alegar la prescripción de una deuda que felizmente no deberá ser pagada por mi cliente. Mientras miraba presuroso la presentación hecha por mi contraparte, y la resolución sobre ella recaída, veía como pasaba la hora y los kilometros, veloces bajo el pie y el acelerador de mi chofer. Y de pronto ahi la vi. Levantó su pequeño brazo en ademán de solicitud, y tratando de llegar a su escuela en el mismo bus en que nos transportamos a diario. Pero no. El chofer no la miró. Imposible, no había como no verla. No había nada más que ella, la carretera, el bosque, los arbustos amarillos nefastos, y el bus. Y no paró. El bus se convirtió en una micro amarilla de la línea 375, "Pedro de Valdivia / Macul", o cualquiera de la especie, y como en el peor de los tiempos santiaguinos, la dejó ahí. Y es que ella no paga; ¿Por qué detenerse a esperarla?
Terrible. Triste.
Ahí entendí que los días en que no la veo no es que se transporte de otra forma; no es que se haya levantado más temprano o más tarde (aunque siempre puede hacerlo). No, todo significa que el bus no paró y ella quedó en la carretera. Rabia. Pena. Impotencia.
Tal vez deberé dejar el asiento número 19 para sentarme en el 2, y a centrímetros del conductor increparlo para que todos los días, sin excepción, se detenga para llevar a la pequeña de celeste.

martes, 6 de noviembre de 2007

olor a vainilla



La semana pasada estuvo aqui la mamá. El olor a vainilla del que habla ella en sus cuentos invadió la casa llenando los espacios chilotes, haciendose parte de mi rutina en la isla. La acompañó el Cami y a los pocos días llegó la Anita. Pura Familia. Recargado de amor continúan mis días.

La rutina sigue, con los mismos niños y también con la misma gente que viaja diariamente, porque esto de vivir en un lado y trabajar en otro es bien común. Con el paso del tiempo me repito los colectiveros, y ya me he apropiado del asiento 19 del transchiloé de las 7:30. Los pasajeros se saludan. No se si lo han hecho siempre, pero al menos comigo lo hacen, lo que le da una sonrisa temprana al día. La niña del gorro celeste sigue acompañándome hasta poco pasado del cruce de Dalcahue. Por estos días no ha usado su lindo gorro y tampoco su mochila. Todo lo ha reemplazado por una melena bien ordenada, y un morral de lana de muchos colores. Yo creo que en verdad trata de combinar sus celestes. No le he hablado, pero al menos nos identificamos al vernos. Hoy calculé que debe tener unos 11 años.

El niño que lloraba ya no lo ha hecho más. De hecho va más despierto que sus hermanos, incluso uno de estos días se fue solo, me tincó que porque sus hermanos se quedaron durmiendo.

El trabajo va bien. Durante casi dos años tuve un cliente único, grande y poderoso, pero a la vez carente de rostro. Hoy me ha tocado defender los intereses de personas reales, y eso es lindo. Es muy fuerte ver la expectativa de justicia en ellos, o simplemente el interés de encontrar solución a un problema. Feliz asumo el desafío de acompañarlos a un tribunal a persudir a un juez, o a una linda jueza (que por estos lados son bien lindas).

Otra cosa importante es la oficina. Acá son amables y acogedores. Eso hace más tranquilo el día. Conocerlos, por supuesto incluidos los niños, me ha permitido en una medida importante suplir la ausencia de todos ustedes, y sus familias, a las que quiero tanto.

Asi transcurren los días. En la casa el viento sopla como su estuviera siempre en un aeropuerto, y cuando llueve en pocos metros es como si me metiera a una piscina. Lindo. La última vez que me pasó los pantalones se me secaron en Chonchi, a dos horas de haber partido de Ancud.

El paisaje sigue sorprendiéndome. Dicen que unos arbustos amarillos que están por todos lados de la isla son una plaga maligna que ataca la tierra y las siembras. Yo los encuentro hermosos. Con ellos todo el paisaje se pinta de verde y amarillo. Ah, como olvidar el mar, el mar.

Aquí los sigo esperando. Besos y abrazos.